
A nadie se le ocurriría comparar a Sarah Palin con Hugo Chávez. Pero la gobernadora de Alaska y candidata a vicepresidenta de EE. UU. ha demostrado que - cuando quiere- puede ser una revolucionaria del populismo petrolero. Quien lo dude debería haber pasado por el centro comercial de la Quinta Avenida de Anchorage el pasado viernes, día del reparto del dividendo anual del Fondo Permanente del Petróleo (PFD, en inglés).
Allí cientos de ciudadanos hacían cola en las tiendas impacientes por gastar los 3.200 dólares (unos 2.300 euros) que el Gobierno había depositado esa misma mañana en sus cuentas bancarias. "A esta hora del viernes normalmente está bastante vacío, pero hoy la gente quiere gastar su PFD", dijo una dependienta de la tienda de moda juvenil Banana Republic. En el restaurante Simon and Seaforts, comensales con las carteras llenas de su parte del PFD devoraban cangrejos gigantes. Agencias de viajes anunciaban "ofertas PFD" para vuelos a Hawái. "Cuando llegue el cheque voy a coger unos días para ir a pescar", explicaba el taxista Danny Austin.
Hace 26 años que los residentes de Alaska reciben un cheque cada septiembre gracias al petróleo. En 1982 se decidió invertir los ingresos por los derechos de explotación petrolera - el 85% de la recaudación tributaria en Alaska- en un fondo permanente. Es una estrategia empleada por muchos países petroleros - desde Noruega hasta Abu Dabi- para suavizar el impacto de la volatilidad de los precios en el mercado.
Gracias al precio disparado del crudo en los últimos años y una buena gestión financiera, el fondo ha crecido como la espuma, alcanzando este año casi 26.000 millones de euros en un estado con solo 600.000 habitantes. Cada año se reparte un dividendo basado en la rentabilidad del fondo. Este año el regalo PFD asciende a 2.000 dólares (1.400 euros) por cada residente de Alaska.
Pero Palin quiso ser aún más generosa . Añadió otros 1.200 dólares (850 euros) por habitante al paquete, lo que ha sido posible gracias a una iniciativa que pondría los pelos de punta en la Casa Blanca del presidente petrolero George W. Bush y en su feudo texano: una subida de los impuestos sobre los beneficios de las petroleras del 22,5% al 25%.
Las multinacionales de Big Oil en los gigantescos complejos que se extiendan por las llanuras heladas de Prudhoe Bay se enfurecieron. Pero Palin, como los mejores revolucionarios latinoamericanos, movilizó la opinión pública en contra de Big Oil. Los 850 euros añadidos al cheque PFD compensarían - argumentaba la gobernadora- el elevado precio de la gasolina, sobre todo en las comunidades indígenas, que siguen siendo bolsas de pobreza pese al boom petrolero y la prosperidad de la economía de Alaska.
Claro, lo reciben también los residentes más acomodados de Anchorage y Wasilla - pueblo de Palin-, todos votantes en las elecciones. Los niños, también. Una familia de siete como la de Palin recibió el equivalente de 16.000 euros. "Comprendes ya por qué Sarah es la gobernadora más popular de EE. UU., ¿verdad?", bromeó Howard Golden, biólogo del Departamento de Caza y Pesca.
Con gran astucia, la gobernadora ha incorporado a su discurso electoral el cara a cara que tuvo con las grandes petroleras Exxon, BP, Conoco-Philips y Chevron - importantes fuentes de financiación para el Partido Republicano- sobre un nuevo gasoducto que debe conectar los campos petrolíferos del norte de Alaska con Canadá. "Si quieres un demonio, puedes apuntar a Exxon, BP y Conoco; es una política astuta", dijo Bert Stedman, senador republicano de Alaska en declaraciones a The New York Times.Pero, igual que Chávez, la gobernadora ha descubierto que, sin el apoyo de las grandes multinacionales petroleras, cuesta captar suficientes inversiones. Exxon - con sede en Houston (Texas)- ha anunciado una "reevaluación de sus planes de inversión" en Alaska y no está claro que la empresa canadiense Transcanada, adjudicataria de la obra del gasoducto, pueda llevar a cabo el proyecto.
Aunque nadie se atrevió a decirlo en la convención republicana, el regalo anual de los ingresos petroleros es posible en gran parte porque Alaska recibe enormes transferencias fiscales del Gobierno federal de Washington que Palin tacha con desprecio de Big Government (Gran Gobierno).
Hay economistas que cuestionan también si el PFD es la mejor política de redistribución. "Hay poblaciones muy necesitadas en Alaska que carecen de seguro médico, ¿no sería mejor concentrar la ayuda en esas comunidades? - dice el analista Roger Tissot, en Vancouver (Canadá)-. Pero si les das 3.200 dólares a cada uno, ¿quién sabe si no van a gastarlo en copas?". Curiosamente, eso es precisamente lo que hizo Hugo Chávez en el 2006: donar 5,3 millones de dólares procedentes de la subida de ingresos de las petroleras en Venezuela a 150 comunidades indígenas de Alaska.
tomado de la Vanguardia.es
Allí cientos de ciudadanos hacían cola en las tiendas impacientes por gastar los 3.200 dólares (unos 2.300 euros) que el Gobierno había depositado esa misma mañana en sus cuentas bancarias. "A esta hora del viernes normalmente está bastante vacío, pero hoy la gente quiere gastar su PFD", dijo una dependienta de la tienda de moda juvenil Banana Republic. En el restaurante Simon and Seaforts, comensales con las carteras llenas de su parte del PFD devoraban cangrejos gigantes. Agencias de viajes anunciaban "ofertas PFD" para vuelos a Hawái. "Cuando llegue el cheque voy a coger unos días para ir a pescar", explicaba el taxista Danny Austin.
Hace 26 años que los residentes de Alaska reciben un cheque cada septiembre gracias al petróleo. En 1982 se decidió invertir los ingresos por los derechos de explotación petrolera - el 85% de la recaudación tributaria en Alaska- en un fondo permanente. Es una estrategia empleada por muchos países petroleros - desde Noruega hasta Abu Dabi- para suavizar el impacto de la volatilidad de los precios en el mercado.
Gracias al precio disparado del crudo en los últimos años y una buena gestión financiera, el fondo ha crecido como la espuma, alcanzando este año casi 26.000 millones de euros en un estado con solo 600.000 habitantes. Cada año se reparte un dividendo basado en la rentabilidad del fondo. Este año el regalo PFD asciende a 2.000 dólares (1.400 euros) por cada residente de Alaska.
Pero Palin quiso ser aún más generosa . Añadió otros 1.200 dólares (850 euros) por habitante al paquete, lo que ha sido posible gracias a una iniciativa que pondría los pelos de punta en la Casa Blanca del presidente petrolero George W. Bush y en su feudo texano: una subida de los impuestos sobre los beneficios de las petroleras del 22,5% al 25%.
Las multinacionales de Big Oil en los gigantescos complejos que se extiendan por las llanuras heladas de Prudhoe Bay se enfurecieron. Pero Palin, como los mejores revolucionarios latinoamericanos, movilizó la opinión pública en contra de Big Oil. Los 850 euros añadidos al cheque PFD compensarían - argumentaba la gobernadora- el elevado precio de la gasolina, sobre todo en las comunidades indígenas, que siguen siendo bolsas de pobreza pese al boom petrolero y la prosperidad de la economía de Alaska.
Claro, lo reciben también los residentes más acomodados de Anchorage y Wasilla - pueblo de Palin-, todos votantes en las elecciones. Los niños, también. Una familia de siete como la de Palin recibió el equivalente de 16.000 euros. "Comprendes ya por qué Sarah es la gobernadora más popular de EE. UU., ¿verdad?", bromeó Howard Golden, biólogo del Departamento de Caza y Pesca.
Con gran astucia, la gobernadora ha incorporado a su discurso electoral el cara a cara que tuvo con las grandes petroleras Exxon, BP, Conoco-Philips y Chevron - importantes fuentes de financiación para el Partido Republicano- sobre un nuevo gasoducto que debe conectar los campos petrolíferos del norte de Alaska con Canadá. "Si quieres un demonio, puedes apuntar a Exxon, BP y Conoco; es una política astuta", dijo Bert Stedman, senador republicano de Alaska en declaraciones a The New York Times.Pero, igual que Chávez, la gobernadora ha descubierto que, sin el apoyo de las grandes multinacionales petroleras, cuesta captar suficientes inversiones. Exxon - con sede en Houston (Texas)- ha anunciado una "reevaluación de sus planes de inversión" en Alaska y no está claro que la empresa canadiense Transcanada, adjudicataria de la obra del gasoducto, pueda llevar a cabo el proyecto.
Aunque nadie se atrevió a decirlo en la convención republicana, el regalo anual de los ingresos petroleros es posible en gran parte porque Alaska recibe enormes transferencias fiscales del Gobierno federal de Washington que Palin tacha con desprecio de Big Government (Gran Gobierno).
Hay economistas que cuestionan también si el PFD es la mejor política de redistribución. "Hay poblaciones muy necesitadas en Alaska que carecen de seguro médico, ¿no sería mejor concentrar la ayuda en esas comunidades? - dice el analista Roger Tissot, en Vancouver (Canadá)-. Pero si les das 3.200 dólares a cada uno, ¿quién sabe si no van a gastarlo en copas?". Curiosamente, eso es precisamente lo que hizo Hugo Chávez en el 2006: donar 5,3 millones de dólares procedentes de la subida de ingresos de las petroleras en Venezuela a 150 comunidades indígenas de Alaska.
tomado de la Vanguardia.es









0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada